viernes, 18 de diciembre de 2009

la plaga, la luminicencia.

Aquí lleva años así, verá usted, no sé si todo comenzó desde el ultimo año bisiesto antes del cambio de estructura del gobierno, pero todo fue muy lento, como el avance del nivel del mar, en nivel de la marea nocturna nos inundo, ahora aquí siempre es así. De noche.
Un día de esos en que no salió el sol por ningún lado, y en el que todos caímos en cuenta que jamás saldría de nuevo, la ciudad entro en pánico, pero era un pánico en silencio, hubo quienes no dormía jamás, ellos, los insomnicos, los que duermen de día, se les veía por doquier con pijama y ojeras, hubo otros que no despertaban, que de mala gana abrían los ojos y hacían sus necesidades básicas, para regresar a cama.

Con el paso del tiempo ambos tipos de personas se fueron adecuando a la situación, pero se iban adecuando a la nueva vida cuando llego la primera y más grave plaga (que hasta el día de hoy perdura) , las luciérnagas. Luciérnagas de todo el mundo emigraron un día a esta región, se pusieron a vivir donde pudieron, unas, las mas pequeñitas comenzaron a adherirse al pelo de las personas haciendo que todos parezcamos como una medusa brillante.
Esto acarreo muchos inventos tontos, como el cepillo quitaluz y el spray mataciernagas, a mi no me disgustan las luciérnagas, me gusta capturarlas por montones en mis bolsillos, es muy fácil comenzar a querer a las luciérnagas.

Que si es tan fácil, escuche usted, esto fue lo que le conté a mi hijo de 4 años cuando lo encontré llorando por que las luciérnagas se comieron la bolsa de bombones cubiertos que guardaba celosamente en la alacena.

“Hijo: un día el sol, ya viejo pecoso y horrible, murió, y alguien, no sé quien pero alguien, se encargo de incinerarlo y repartir sus cenizas por el mundo, las cenizas al contacto con el agua del mar, con las conchitas y la arena adquirieron alas y corazón, y volaron hasta aquí, hasta la alacena, hasta tus bombones”.

Mi hijo me miro incrédulo, usted sabe, porque mi hijo nació en los años de noche, este tipo de niños trae la tristeza bajo el brazo, son flacos y pálidos, miran por la ventana y no imaginan nada, en sus lápices para colorear siempre escasean el negro y el azul marino, son callados, observadores, pasan horas llorando en silencio, hablan muy bajo y entre ellos casi no hablan , lo hacen en susurros, lo hacen solo con las miradas, como si tuvieran un secreto común de prepuertad, yo sospecho que ellos saben lo que realmente le paso al sol, cierto es, lo saben, si no lo supieran no sabrían de amor, y estos niños aman a más no poder, tanto es lo que aman que no alcanzan a expresarlo con nada, aman sin saber por qué, por eso es que el mirar por las ventanas no imaginan nada, por que aman las cosas como están, así es perfecto para ellos, por eso lloran, porque no pueden con tanto amor no porque las luciérnagas se coman sus bombones.

para la señorita B. Cardenas, tia de un gato.

7 comentarios:

Priska dijo...

Me encantó el relato.. y me hizo preguntarme.. ¿Cómo sería si el sol muriera?

Valebé dijo...

Qué lindo, qué lindo! Me gustó mucho esta entrada :)
Seguiré leyendo tu blog. Gracias por pasar por el mío. Y seguimos en lo mismo, aquello tan inmenso y poderoso, los niños.
Saludos!

Corsel negro dijo...

saludos, buen blog

Betoman dijo...

:)

Lady Stardust dijo...

Está precioso.

pbl | ldq dijo...

Hasta ahora, el mejor, sin duda. Te amo New Saori. Siempre tuyo

Diego dijo...

Linda historia, niños que abunden en amor... eso es lo que hace falta.

que esten muy bien

Au revoir, Adio, bye& Adios